Nadie llega a tu vida por casualidad

Esta es una afirmación muy leída y escuchada en los últimos tiempos, incluso alguno piense que demasiado. Sea como sea, no por más repetida deja de resonarnos, ¿verdad?

 

En mis años como practicante de Jin Shin Jyutsu puedo decir que siempre he acompañado a quien llegó y de cada uno he aprendido y recibido tanto que no sabría poner una frontera entre lo que di o me dieron.

 

Me apetece mucho compartir algunas cosas aprendidas pues creo que pueden ayudar a algún lector de esta entrada.

 

Este escrito tiene la conformidad de su protagonista, de quién prefiero guardar la identidad pues no quiero traspasar mi límite de lealtad a su confianza, ni el secreto que acompaña al transcurso de cualquier sesión, a pesar de que algo tendré que contar…

Esta reflexión guarda alguna de las lecciones que en cada sesión voy aprendiendo…

 

Cada semana recibo a una mujer de más de 80 años, Una Bella Mujer, a la que pasaré a llamar UBM.

Es habitual que cuando alguien me llama sea porque realmente se siente muy mal y no encuentra soluciones o está pasando por alguna experiencia que le hace pensar que otro tipo de ayuda puede ser el camino.

A veces Jin Shin Jyutsu es el camino, otras no y sea como sea siempre está bien.

Cuando UBM llegó a mi consulta explicó que tenía dolores en todo el cuerpo, unas erupciones en la piel que no parecían mejorar con nada y una depresión profunda de 4 años de evolución.

Alguien le habló de mí, conocía algo de Jin Shin Jyutsu y quería conocerme, hablar conmigo y recibir alguna sesión.

Ya en sesión me dijo: “No entiendo por qué no se me llevan ya, cree usted que hay derecho a vivir en un cuerpo que ya no sirve?”

Si hay algo que me fascina de la vejez es ese sentido práctico de la realidad, sin adornos.

Os puedo decir que a partir de ésa, cualquiera de las otras sesiones, ha sido y es un reto en el que estar cara a cara con los miedos reales de cualquiera.

Una referencia más a UBM, aún la oigo continuar: “diría que seguiré aquí hasta que aprenda mi lección, la paciencia: nunca la he tenido”.

 

Procuraré no hacer más mención a UBM pues sería entrar en su experiencia, y desde luego, eso no me corresponde.

Pero, y yo?

 

Soy muy afortunada por los ratos compartidos con ella, de cada uno me llevo una perla que me sirve a diario.

En cada sesión acostumbro a apuntar en la ficha del cliente aquello que he trabajado, qué auto ayuda he sugerido y si ha habido algo remarcable.

 

Es curioso pero en la ficha de UBM tengo palabras, una para cada sesión, suelen referirse a un tema, o a alguna conversación centrada en ese concepto y que ha salido en el transcurso de la sesión. Las más repetidas son: ENFADO, CONTROL, TIEMPO, INTOLERANCIA, RUIDO, IMPACIENCIA Y ESFUERZO.

De todas, si he de aprender algo es justamente la reflexión que me lleva a querer compartir todo esto con vosotros: Esclavitud Mental.

Nada nos fatiga y enferma más que justo ser esclavos de nuestros deseos, esa percepción de que no vivimos en un mundo que se ajuste a nosotros, sin apercibir que somos nosotros, con nuestros juicios los que crean esa sensación de desajuste.

Supongo que un opuesto de esa esclavitud podría ser la Resiliencia, que es la capacidad de adaptarnos y hacer frente a las adversidades de la vida, transformando además, el dolor en fuerza de acción para salir incluso fortalecido de la situación.

En cambio, nos resistimos a desapegarnos de aquello que creemos que ha de ser, aquello que cumple con mis deseos.

La esclavitud mental nos hace rígidos y esa rigidez en mi pensamiento acabará mostrándose en mi cuerpo, como antes se había manifestado a nivel emocional.

Esa esclavitud es la que en algún momento va a hacer que me anestesie, que no me permita sentir,  pues eso puede dolerme y así, creo que me protejo pero lo que hago es convertirme en una máquina a la deriva de la inercia que solo persigue ese objetivo que programó mi mente.

 

Creo que debemos aprender a ser flexibles y navegar las situaciones que llegan desde la madurez de entender y conocer qué pasa en mí cuando la vida ocurre no cómo quiero sino cómo es. Si empezamos a advertir eso, cada vez nos será más sencillo y estaremos más entrenados ante la vida, que no es una lucha que debamos enfrentar sino una experiencia en la que agradecer la oportunidad de aprender.

 

A día de hoy sigo entrenándome. No siempre con éxito, pero no me juzgo sino simplemente, sigo aprendiendo.

 

Podéis colocar vuestras manos en las cerraduras 21 que precisamente tienen el mensaje: Escapar de la Esclavitud Mental.

 

 

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